La íntima, larga y compleja relación entre México y Estados Unidos entró en un período de tensión e incertidumbre. El vínculo todavía no está roto, pero quedó lastimado y el camino de aquí en más no estará exento de desafíos en ambos lados de la frontera.

Un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, diera luz verde a la construcción de un muro fronterizo, el mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, anunció que había cancelado su visita a la Casa Blanca programada para el 31 de enero.

Ni siquiera hubo consenso en cómo se dieron los hechos, al Trump asegurar que fue de “mutuo acuerdo”, una muestra más de lo difícil que será encontrar caminos de diálogo, al menos en el comienzo de la nueva administración estadounidense.

Peña Nieto reiteró su voluntad de “trabajar con los Estados Unidos para lograr acuerdos en favor de ambas naciones”, mientras que el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, mencionó la intención de EE.UU. de buscar “una fecha para concertar algo en el futuro”, y señaló que se mantendrán “las líneas de comunicación abiertas”.

Horas más tarde, el gobierno anunció que Trump pretende fijar un impuesto del 20% sobre todas las importaciones procedentes de México para pagar el muro, algo que no puede hacer inmediatamente por el acuerdo comercial entre ambos y la necesidad de pasar por el Congreso.

De todos modos, la intención ya dañó la relación de dos países que comparten 3.000 kilómetros de frontera está hecho.

“Entre grandes crisis diplomáticas recientes, esta no tiene precedentes porque trae reminiscencias del muro de Berlín”, le asegura a BBC Mundo David Carrasco, historiador mexicano-estadounidense en la Universidad de Harvard.

“Esta es la peor crisis (entre México y EE.UU.) en décadas, pero va a tener varias ramificaciones: va a unir a los mexicanos en una posición defensiva”, agrega.

El gobierno mexicano se enfrenta a un desafío mayúsculo con un gobierno hostil e impredecible del otro lado de la frontera y la falta de certezas sobre el camino que se avecina es inevitable.

“México está en una situación de fragilidad, de vulnerabilidad, verdaderamente terrible. No sé cómo vamos a responder”, le dice a BBC Mundo Soledad Loaeza, investigadora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México, quien no descarta que se llegue a un punto donde se congelen las relaciones.

“Es muy seria, una situación crítica”, apunta.

“Hubo una inercia hacia una mayor cooperación durante las últimas casi tres décadas y por primera vez estamos viendo una relación mucho más recia, más tensa entre los gobiernos de México y EE.UU.”, afirma en diálogo con BBC Mundo Andrew Selee, consejero principal del Instituto México en el Centro Wilson, un foro no partidario de políticas en Washington.

“La confianza se ha visto afectada, pero además esto genera reacciones en las dos sociedades, entonces hay cada vez más un sentido en un sector de la población estadounidense de que México es un peligro y el mismo sentido en gran parte de la población de México de que EE.UU. es una amenaza para ellos. Y eso es más difícil de revertir”.

“Se han calentado los ánimos entre los dos países”, añade Selee, “y no es que van a dejar de colaborar en temas de interés común, pero va a ser más difícil avanzar en iniciativas nuevas y avanzar en la relación”.

México ahora piensa cómo reencauzar una relación crucial y necesaria. El país envía el 80% de sus exportaciones a EE.UU. y la intención de Trump de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan o Nafta, por sus siglas en inglés) amenaza con golpear aun más a la economía mexicana.

Pese al anuncio de la construcción del muro, todavía hay mucho en juego entre ambos, elementos que México podría hacer pesar para frenar los avances de Trump.

El intercambio comercial entre ambos países es de US$1 millón cada minuto, el comercio con México genera en EE.UU. seis millones de empleos y aunque las exportaciones mexicanas dependen en gran medida de EE.UU., 40% de ellas tienen contenido estadounidense.

“El vínculo no está roto, los equipos del lado estadounidense apenas se están instalando y, desde luego, la diplomacia no depende exclusivamente de la visita de un presidente a un lugar. La diplomacia está funcionando”, le asegura a BBC Mundo Alejandro Poiré, Decano de la Escuela Nacional de Ciencias Sociales y Gobierno del Tec de Monterrey.

“Vamos a ver mucha turbulencia, tenemos que estar conscientes de ello, el reto inicial es ir acotando los márgenes de esa turbulencia. Si las cosas no se cuidan, pueden escalar, a tomas de decisiones abruptas más allá de las amenazas”, agrega el ex secretario de Gobernación.

En México no son pocas las voces que apuntan en la dirección de hacerle ver a EE.UU. que necesita una buena relación con su vecino.

Poiré considera que ni el público estadounidense ni probablemente Trump comprendan la dimensión de la sensibilidad del vínculo entre ambos países.

“Es indispensable que los actores del gobierno de Estados Unidos valoren y razonen lo que está en riesgo desde el punto de vista comercial, seguridad fronteriza, seguridad nacional para Estados Unidos, e ir estabilizando esas áreas para poder dar cauce a los diferendos”.

Pero Trump, que llevó adelante su campaña atacando a México y comenzó su presidencia sin dar marcha atrás, no parece dispuesto a ceder.

La agresión al vecino probablemente termine lastimando a ambos.

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