Radio Sol

“Todos los días hay mal olor, especialmente cuando hay cambio del viento. En las noches es insoportable”, expresa Rogelia Contreras, dirigente de la población Los Pinares, cerca de la planta de tratamiento de aguas servidas en Antofagasta.

Los episodios de mal olor se han vuelto un tema recurrente en la comuna durante el último tiempo. El año pasado, los alumnos del Liceo Industrial Eulogio Gordo Moneo tuvieron que evacuar de emergencia 86 veces a causa de los gases y el hedor. “El olor que más molesta es el de ácido sulfhídrico, que es como huevo podrido”, dice Jorge Ávalos, profesor del establecimiento.

Por problemas como estos, los habitantes de Antofagasta son los que más han denunciado malos olores en los últimos cinco años a la Superintendencia de Medio Ambiente, con 93 recursos presentados. Tras ellos están Quilicura (35) y Río Claro (34) (ver infografía).

En Quilicura, las principales denuncias se realizaron contra empresas de cecinas y empaquetadoras cercanas a Américo Vespucio, pero también a ferreterías y restaurantes. Los vecinos consultados indican que los olores -parecidos a la harina de pescado- son esporádicos y se generan en la madrugada.

Con 346, a nivel de regiones, la Metropolitana lidera las denuncias, seguida por el Maule (112) y Los Lagos (110).

En el caso de la VII Región, el alcalde de Río Claro, Américo Guajardo, afirma que los problemas provienen del relleno sanitario, cercano a una población de 1.500 personas. La mayoría de los casos en la zona es contra el centro de tratamiento Ecomaule, quien hoy está en un proceso sancionatorio. “Es un tema delicado, que viene de años, pero que ha ido mejorando con el tiempo”, admite.

En el sur, Puerto Montt concentra la mayor parte de los reclamos y a diferencia de las otras comunas, las denuncias son más variadas en empresas y tipos de industria: existen problemas con centros de redes, plantas de tratamiento de aguas servidas y procesadores de recursos hidrobiológicos.

En la localidad de Trapén, la vecina de la empresa Redes & Nets Sonia Vidal dice que “esto viene haciéndose más intensivo desde 2013. El peak fue en 2015, cuando ya no soportábamos el olor. Se sentía terrible, y seguimos igual”.

Es por esto que la Superintendencia de Medio Ambiente comenzó a mediados de febrero a realizar una fiscalización complementaria a las denuncias, con sensores de gases en Tiltil, Talca e Iquique, que detectan emanaciones como el ácido sulfhídrico y amoníaco, emanadas de industrias agropecuarias o de saneamiento ambiental y que generan mal olor.

Esto “puede gatillar acciones de fiscalización en terreno para comprobar cómo se están manejando las variables ambientales de industrias”, dice el superintendente del Medio Ambiente Cristián Franz. Aunque los sensores no son en sí mismos una prueba, pues no existe una norma de olores, “permiten saber si hay algo en los procesos industriales que no está funcionando bien y que debemos fiscalizar”. Ahora esperan expandirlo a otras zonas del país.

FETIDEZ
Los vecinos de Mostazal aseguran que el hedor ha aumentado en el último tiempo, e incluso en ocasiones provoca náuseas y vómitos.